“Cuídate de las modas que por querer sumarte a ellas te conviertes en común y corriente”, decía mi madre a la hora de poner una casa.

Al hilo de este consejo he puesto siempre mis casas, aunque no por ello he renunciado a las tendencias en algún que otro complemento ya sean lámparas, apliques, algunas telas y almohadones.

En la casa volcamos a corto y largo plazo, y sin darnos cuenta, nuestra propia personalidad en su decoración y qué decir tiene que a los 30 años nuestra forma de ser es absolutamente distinta que a los 60 no tanto en su fondo como sí por la experiencia que de la vida vas adquiriendo.

Miramos revistas, reportajes, lo que se lleva, lo que está obsoleto, más revistas, la casa del vecino y del que no es vecino, amigos, etc… pero no debemos olvidar que nuestra casa es nuestra, es única y por tanto hay que poner mucho de nosotros mismos en ella. Es cuanto menos mi opinión que no por ello tiene que ser la correcta.

Por ello, y desde mi punto de vista, la base en la decoración debe ser lo suficientemente sólida como para ir aguantando los cambios en las diferentes etapas de nuestra madurez, adecuándola a los tiempos sin perder por ello su clase y esencia inicial en los elementos más fundamentales como son: buenos sofás, una sillería atemporal susceptible de cambiar sus tapicerías al igual que en los sofás principales y las butacas, alguna pieza de anticuario, un par de buenos cuadros ya sean de época o modernistas y algo que nos acompañe siempre en toda la travesía de los años; algo exclusivo y muy nuestro.

Es preferible tardar en poner una casa, para evitar equivocaciones, porque entre el correr y el andar hay un paso regular que con paciencia nos llevará a conseguir el espacio que queremos; aquel que, en definitiva nos debe definir: nuestro hogar.

Hay personalidades que tienen las ideas muy claras de lo que quieren desde el principio, otras que no saben por dónde empezar, están también los que viven hacia fuera pero también los que viven hacia adentro; aquellos para quienes su casa es el reducto más importante porque les gusta recalar en ella el mayor tiempo posible.

No es tarea fácil para muchos y por el contrario los hay que nacen con el escalímetro en la mano, una visión espacial ímproba y un sentido del color y los materiales envidiables.

Para los otros, para los que se sienten como pez fuera del agua, un consejo: pedir ayuda, dejarse asesorar de buenos profesionales que consigan llevarte al fondo de tu propia manera de ser y desde ahí empezar a trabajar.


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